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Rahkim Sabree tiene su casa propia en Hartford, Connecticut, invierte y cuenta con ahorros. Por desgracia, esto no siempre es suficiente para hacerlo sentir seguro. Cualquier gasto imprevisto, independientemente de su costo, le causa una sensación de incomodidad.

“Me siento muy ansioso cuando tengo que gastar dinero”, explicó Sabree, asesor y consultor financiero de 33 años. En ocasiones, debido a esta sensación de ansiedad, pospone gastar en cosas que necesita, como zapatos nuevos o reparaciones en su casa.

Cuando era adolescente, Sabree, quien es de raza negra, vivía con su familia en una vivienda subsidiada y pagaban las compras con cupones para alimentos. “Cuando la situación se ponía muy difícil, nos quedábamos sin electricidad y agua”, relató. Más de una vez estuvieron a punto de ser expulsados de su hogar. Ver un aviso de desalojo en la puerta era vergonzoso, recordó Sabree.

Esas experiencias moldearon sus hábitos de gasto y ahorro. Sentirse en control de su dinero le da paz, explicó Sabree. Pero cuando ese control se le va de las manos, la ansiedad se apodera de él. “Siento que algo me pasa, en lugar de ser yo quien haga que pasen las cosas”, dijo.

Experiencias como las de Sabree pueden provocar lo que los psicólogos financieros denominan “trauma financiero”, caracterizado por una respuesta emocional intensa y prolongada a aflicciones financieras del presente o del pasado, según indicó Alex Melkumian, psicólogo y fundador del Centro de Psicología Financiera en Los Ángeles.

El trauma financiero puede generar ansiedad, traer a la mente pensamientos negativos y hacer que la persona reviva hechos traumáticos del pasado, síntomas idénticos a los del trastorno por estrés postraumático (TEPT). A diferencia del estrés cotidiano, el trauma no se experimenta en oleadas que van y vienen. Es una afección que deteriora tu relación con el dinero, subrayó Thomas Faupl, terapeuta financiero de San Francisco.

Entre las causas comunes del trauma financiero se encuentran las deudas médicas, la inseguridad financiera y la crisis económica. Por ejemplo, los sobrevivientes de la Gran Depresión eran menos propensos a invertir en el mercado de valores porque temían otra crisis, lo que terminaría perjudicando sus ahorros para la jubilación.

El trauma también puede viajar de generación en generación de diferentes maneras, como por ejemplo al heredar la deuda de los padres. Melkumian agregó que los problemas estructurales como el racismo y la discriminación también podrían desempeñar un papel.

A diferencia del TEPT, el trauma financiero no se considera un diagnóstico de salud mental, por lo que los asesores y terapeutas financieros muchas veces le restan importancia. A muchas personas nunca nadie les dice que las experiencias sobrecogedoras relacionadas con el dinero pueden llegar a dañar su salud económica y psicológica, indicó Faupl. Sin embargo, una encuesta realizada en 2016 reveló que el 25 por ciento de los estadounidenses, entre ellos un 36 por ciento de milénials, reportó tener síntomas de TEPT derivados de la angustia financiera.

Una actitud que puede señalar la presencia de un trauma financiero es que evites el dinero, aseveró Melkumian. En otras palabras, es posible que las personas que han sufrido experiencias traumáticas de este tipo se nieguen a hacer un presupuesto, abrir correspondencia que contenga facturas por pagar o hablar sobre sus finanzas.

Esta conducta de evitar el dinero también puede expresarse como resistencia a gastarlo cuando deberías hacerlo. Por ejemplo, Sabree solía decir que se comportaba así con el dinero porque prefería llevar una vida austera. No obstante, se dio cuenta de que no actuaba así por el deseo de ahorrar en caso de alguna emergencia, sino porque quería evitar a toda costa cualquier roce con la pobreza.

Cualquier experiencia dolorosa relacionada con el dinero puede hacernos sentir inseguros, explicó Aja Evans, terapeuta financiera de la ciudad de Nueva York. Añadió que, en muchos casos, esta sensación de inseguridad produce pensamientos negativos, como: “Nunca voy a tener suficiente dinero” o “Nunca voy a ser bueno para manejar dinero”.

Una tendencia al derroche también puede ser señal de trauma financiero. En ocasiones podríamos intentar compensar las privaciones de la infancia con mimos excesivos en la edad adulta. Hay quienes gastan todos sus ahorros en unas vacaciones, comen con mucha frecuencia en restaurantes o derrochan su dinero en compras en línea.

Hubo una época en la que Chantel Chapman, empresaria de 40 años de Richmond, Columbia Británica, Canadá, fue una despilfarradora de este tipo. Chapman relató que durante casi una década gastó en regalos, atuendos y cenas que en realidad no podía costear. Terminó con una deuda de casi 10.000 dólares en tarjetas de crédito y 10.000 dólares en deudas fiscales, situación que le dificultó ahorrar.

Al igual que Sabree, Chapman creció sin seguridad financiera. Pero, a diferencia de Sabree, cuyo trauma financiero lo hizo austero, el de Chapman la convirtió en una derrochadora.

“Tenía una relación desequilibrada con el dinero”, comentó. Chapman confesó que le daba miedo endeudarse, pero su deseo de sentirse parte de un grupo más adinerado la había llevado a gastar más de lo que podía costear. Dijo que el trauma creó en ella la necesidad de complacer a los demás, y añadió: “Creía que tenía que verme de cierta forma para ser aceptada”.

Sabotear el futuro financiero es otra señal de peligro. Hay personas que podrían creer que tener un trabajo bien pagado los vuelve egoístas o que es algo que no merecen, afirmó Faupl. Como resultado, los saboteadores podrían desistir de solicitar un empleo mejor remunerado o nunca pedir un aumento.

Una vez que se puedan reconocer las señales de un trauma financiero, se podrá trabajar para encontrar una solución. Para empezar, hay que intentar explorar el “problema a través del prisma del dinero”, aconsejó Faupl. Desde este punto de vista, hay que preguntarse: “¿Qué debo hacer para abordar mi situación financiera?”

Cualquier pensamiento, sentimiento o recuerdo asociado con el trauma puede detonar la sensación de angustia. Por ejemplo, en el caso de quienes perdieron dinero durante la crisis financiera de 2008, ver los traspiés del mercado bursátil podría causarles ansiedad. Otras personas con deudas por préstamos estudiantiles quizá se sientan perturbadas por el fin del periodo de suspensión de pagos.

“La sensación podría compararse a ver de nuevo una película de miedo”, indicó Michelle Griffith, asesora patrimonial sénior en la división de Gestión Patrimonial Personal de Citi.

Griffith ha visto un incremento de trauma financiero entre algunos de sus clientes. En 2009, algunas personas perdieron hasta el 40 por ciento de sus ahorros para la jubilación. Actualmente, con la posibilidad de otra recesión, les preocupa que la situación se repita. Esto puede hacer que las personas teman los riesgos que conlleva invertir, dijo Griffith, lo que podría impulsarlas a retirar sus inversiones o cuentas de jubilación demasiado pronto.

Cuando la marea emocional es alta, Griffith recomienda basar las decisiones en hechos. “Hasta los mercados bajistas se recuperan”, dijo. Además, desde hace 70 años, el mercado bursátil ha sufrido bajas del cinco por ciento varias veces por año. Saber que las bajas son temporales puede ayudar a calmar las aguas, comentó Griffith.

Aunque nadie puede predecir el futuro, aprender a identificar los detonadores te da más herramientas para cuidarte a ti mismo, afirmó Evans. Incluso hacer unas cuantas respiraciones profundas, salir a caminar o hablar con un amigo puede ayudar a tranquilizarte y reducir las probabilidades de que recurras a acciones impulsivas, señaló.

Los límites nos ayudan a sentirnos seguros en las relaciones; de igual forma, pueden servir para mantener a raya nuestras conductas financieras.

Una recomendación de Evans es que quienes gastan de más borren los datos de sus tarjetas de crédito de las aplicaciones y tiendas en línea que usan. La emoción de una compra hace que suba la dopamina, lo que dificulta el autocontrol, afirmó. Pero si no tienes a la mano los datos de tu tarjeta de crédito, se te hará más difícil obtener ese tipo de gratificación.

Quienes evitan el dinero pueden tomar pequeños riesgos, como obligarse a gastar unos 10 o 20 dólares en una experiencia que los haga felices. Melkumian, quien se refiere a esta estrategia como “derroche obligatorio”, explicó que te ayuda a salir de tu zona de seguridad porque implica hacer lo contrario a lo que la emoción negativa te dice que debes hacer.

Cualquier conducta que entorpezca decisiones de evitar el dinero también puede ser de ayuda. Griffith propone configurar transferencias mensuales automáticas para enviar dinero de tu cuenta de cheques a la de ahorros. También es posible configurar el pago automático de facturas mensuales y enviar fondos de cada sueldo a tu cuenta de jubilación.

Para recuperarse del trauma financiero es necesario atacar dos flancos. Se deben buscar soluciones para el aspecto financiero y también para el trauma que lo provocó, aseveró Faupl.

Hablar con un terapeuta financiero especializado en trauma financiero es el primer paso. Este profesional tiene estudios en psicología y conocimientos sobre el dinero, así que puede ayudarte a identificar la relación entre la experiencia dolorosa que viviste y tus problemas financieros. Por ejemplo, si tu familia peleaba a causa del dinero cuando eras niño, explicó Faupl, es posible que ahora que eres adulto evites conversaciones difíciles sobre finanzas. O si creciste sin seguridad financiera, quizá acumules dinero más adelante en tu vida.

Además de la terapia, asistir a una clase de educación financiera o dialogar con un asesor financiero puede ayudarte a lograr tu meta.

Como parte de su recuperación, Chapman recurrió a la psicoterapia y la educación financiera. Sin embargo, ninguno de sus terapeutas hizo la conexión entre su trauma y sus problemas financieros. Le dijeron que ejercitara la fuerza de voluntad, lo que le causó más vergüenza, confesó. Con el objetivo de educar a otros, Chapman cofundó Trauma of Money, un sitio web educativo que imparte clases sobre el trauma financiero.

Sabree también se esfuerza por ayudar a otros, en especial los pertenecientes a la comunidad negra, a desarrollar hábitos financieros más saludables. En su experiencia personal y profesional, el trauma financiero nunca desaparece en realidad.

“No es como apagar un interruptor de luz”, dijo. No se puede borrar, pero se puede gestionar.

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