Hace medio año, Micah Fitzerman-Blue, guionista de Los Ángeles, se estaba afeitando la barba cuando llegó a la región entre la nariz y el labio superior y pensó: “¿Y si me detengo?”.

“Al principio me sentí cohibido, porque nunca había usado solo bigote”, aseguró. Pero tras comprobar que su mujer no lo odiaba y darse cuenta de lo habituales que se habían vuelto los bigotes en su barrio de Echo Park, adoptó esa apariencia. “Este año cumplí 40 y tengo dos hijos pequeños, así que me siento más como un padre, pero un padre divertido”, afirmó.

No es el único. El bigote, capaz de evocar cualquier cosa desde la masculinidad ruda a la ironía caprichosa, pasando por la sincera alegría paternal, está disfrutando de uno de sus renacimientos periódicos.

“A veces voy en el metro, miro a mi alrededor y veo a cinco personas con bigote en un radio de tres metros”, comentó Jimmy Brewer, actor neoyorquino de 27 años que hace unos meses se dejó crecer el bigote durante sus vacaciones. Entonces consiguió un papel en el elenco de Shucked, un musical de Broadway y le pidieron que se lo deje hasta el final de su contrato. “Siempre los he admirado en otras personas porque parece que quienes los usan tienen más confianza en sí mismos”, señaló.

Aunque es difícil separar los datos sobre bigotes de los datos sobre las tendencias del vello facial en general, los profesionales del sector afirman que el aumento es pronunciado y reciente. El bigote, antaño dominio de los pervertidos, las estrellas del porno, los iconos contraculturales o los tíos que no se visten a la moda, se está convirtiendo en una opción más de vello facial.

Las razones son variadas. El bigote es masculino pero juguetón en un mundo que disfruta de nuevas formas de relacionarse con los estilos de género. Estaba a punto de volver tras una década en la que todo el mundo tenía barba, y la cuarentena permitió que mucha gente lo probara y se diera cuenta de que le gustaba.

“Empezó a cobrar más fuerza el año pasado, sobre todo desde que salió Top Gun”, explica Matty Conrad, que dirige varias barberías en Vancouver, Columbia Británica, y un popular canal de YouTube dedicado al cuidado del vello facial. “Creo que el bigote está donde estaban las barbas en 2010. Pero si acaba teniendo ese poder de permanencia, entonces la gente que lo usa por el factor sorpresa empezará a buscar en otra parte”.

Nicky Austin, estilista de peluquería y maquillaje responsable de mantener el icónico bigote de Ted Lasso, atribuye el auge del bigote entre sus clientes de Los Ángeles a la omnipresencia de la cultura de la barba, así como a una nueva apertura al arreglo personal.

“Conozco hombres que van al barbero todos los fines de semana para que les mantenga el estilo, lo que habría sido inaudito hace 20 años”, explicó, y añadió que quienes sufren calvicie masculina a menudo encuentran en el bigote un cambio de estilo.

La atención también es parte de la diversión. Christian Illuzzi, un artista del barrio Ridgewood de Queens, se ha sorprendido por la atención que recibe su bigote. Lleva barba desde que era estudiante en el Instituto de Tecnología de la Moda en la década de 2010, y adoptó su bigote completo solo recientemente.

“He recibido elogios antes, pero nunca tanto como hacia mi bigote”, dijo Illuzzi, haciéndose eco de las experiencias de otros. “Los muchachos en la calle dicen: ‘Oye, qué bigote increíble’”.

Los bigotes se hicieron más comunes en los espacios queer a finales de la década de 2010, especialmente los finos que complementaban la estética sexual manicurada de ese momento, de cuero y arneses de Tom of Finland. Y podrían haber permanecido en el margen de la popularidad comercial si la pandemia no hubiera ocurrido. En ese momento, los hombres empezaron a dejar atrás la barba y a usar solamente bigote, y contagiaron ese estilo a otros hombres.

“La cuarentena me liberó de manera definitiva de tener que lidiar con esa incómoda fase intermedia, que siempre me impidió dejarme crecer uno”, relató Lucas Johnson, un profesor de literatura de Crown Heights, Brooklyn, que se dejó crecer el bigote ancho y grueso de estilo chevrón hace dos años. “Al final de mis 20 ha sido una forma agradable de sentirme a la moda y, al mismo tiempo, es como si estuviera avanzando a una edad adulta más madura”.

También aprecia su versatilidad. “El bigote connota autoridad, pero también sugiere cierta dosis de tontería”, afirmó. “Es muy masculino, pero también muy extravagante y discretamente codificado como queer. Todo el espectro de género está obsesionado con mi bigote, al igual que yo”.

La popularidad del bigote siempre ha sido especialmente susceptible a los iconos culturales y las tendencias del momento. A principios del siglo XX, los bigotes solían ser elaborados, como el tupido estilo morsa de Theodore Roosevelt o las puntas enceradas del bigote inglés (pensemos en el archiduque Francisco Fernando), revivido irónica aunque brevemente a principios de la década de 1980 por los hipsters con tirantes en Estados Unidos.

Hasta 1916, los soldados británicos tenían prohibido afeitarse el labio superior, quizá por la profunda asociación del bigote con la virilidad y la fuerza.

Los estilos más artificiosos también eran un blanco fácil de burlas. El bigote de cepillo de dientes de Charlie Chaplin, ese pequeño parche sobre el labio, se adoptó en específico por su atractivo humorístico, antes de asociarse con Hitler y perder para siempre su lugar en el ciclo de la moda.

Después de la década de 1950, el bigote se convirtió en el vello facial contracultural preferido por una serie de grupos considerados subversivos: hippies de pelo largo, marxistas, homosexuales. Freddie Mercury tuvo uno de los bigotes más emblemáticos del siglo.

A medida que en las décadas de 1970 y 1980 se difuminaba la división estilística entre la corriente dominante y la contracultura, el bigote pasó a asociarse con la fanfarronería masculina y apareció en los rostros de Burt Reynolds, Tom Selleck, Sam Elliott y otros. No todo el mundo podía tenerlo, lo que siempre fue parte de su atractivo, pero estas asociaciones hipermasculinas se prestaban a la exageración, y el bigote fue adoptado de manera juguetona en la cultura queer. También se extendió por la industria del porno, dándole un tufillo de degeneración.

Por supuesto, en muchos lugares, como Oriente Medio y México, el bigote absorbió su propio conjunto de ricas asociaciones, que a menudo llegaron a Estados Unidos, dando al estilo diferentes significados para distintos grupos. Para los negros estadounidenses, su evocación de autoridad y asiduidad hizo que el bigote fuera muy popular entre los líderes de la era de los derechos civiles, como Thurgood Marshall y Martin Luther King Jr., antes de que perdiera popularidad en la década de 1970. (Como detalló Wesley Morris en un ensayo de 2020 en The New York Times, sigue siendo una forma vívida de relacionarse con la identidad negra).

A finales de la década de 1990, el bigote había pasado tanto de moda que pocos pensaban que volvería. Pero a medida que se ha ido reuniendo una masa crítica de portadores de bigote, el estilo se ha liberado poco a poco de las asociaciones subculturales que cosechó en la década de 1980, lo que ha llevado a más gente a imaginarlo en su propia cara.

En la actualidad, hay dos opciones especialmente populares: el chevrón, en forma de compás (como el que luce Ron Swanson en Parks and Recreation) y el bigote prominente incrustado en un rostro de barba incipiente, conocido como bigote de barba (un ejemplo es Henry Cavil, The Weeknd o cualquier estudiante de doctorado de Brooklyn). Las opciones más cuidadas, como el bigote de lápiz, el bigote con raya o el bigote con las puntas enceradas, siguen siendo para los más capaces.

Pero, cualquier elección de estilo que cambie significativamente la cara, se va a sentir un poco cómica, un poco irónica y juguetona. Y en un mundo que se replantea el significado de la masculinidad, esas asociaciones también pueden ser bienvenidas.

“Creo que mucha gente está lidiando con preguntas sobre cómo encarnan su lado masculino de una manera que se sienta bien y no se sienta una actuación”, dijo Johnson, el profesor de literatura en Brooklyn. Un bigote, dijo, “se siente como una forma divertida de disfrutar lo masculino sin comprometer la sensibilidad, la extravagancia y el estilo”.

El bigote independiente, que requiere al menos un grado mínimo de cuidado, también sugiere que el usuario es alguien que se enorgullece de su estilo. Ari Goldstein, un estudiante de la Facultad de Derecho Carey de la Universidad de Pensilvania que inicialmente se dejó crecer el bigote oscuro como una broma en la universidad, disfruta de la intencionalidad del bigote.

“Me hace parecer más accesible y amigable”, dijo. “También es una forma de lucir un poco único sin necesidad de elegir un atuendo”.

Al igual que otros, Goldstein aprecia que su bigote sea un tema de conversación, aunque trata de no involucrarse demasiado en lo que otros piensan al respecto. “Creo que la gente ubica su propio significado en tu bigote”, dijo. “Mi bigote significa algo para mí, pero es probable que la gente lo asocie con otros bigotes por los que tienen sentimientos, así que creo que la gama de reacciones que recibo, que es bastante amplia, refleja el amplio papel de los bigotes en la sociedad”.

A medida que el bigote se hace más popular, muchos hombres se dan cuenta de que saben muy poco sobre su mantenimiento. ¿Qué estilo se adapta mejor a su cara? ¿Cómo debe recortarse? ¿Cuánto tarda en crecer?

“El hecho de que un hombre quiera algo no significa que sea adecuado para la forma de su cara, la textura de su cabello o por cómo crece”, anotó Conrad, peluquero de Vancouver. “En parte se trata de trabajar con lo que tienes”.

Sin embargo, los pequeños ajustes pueden tener un gran impacto. La única diferencia, dice, entre el bigote de Ted Lasso y el bigote de Burt Reynolds es un sutil moldeado.




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